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Estudio del temario: comprensión y memorización.

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– Para aprender hay que comprender.

– No existe un método infalible de estudio.

– Su elección dependerá de las capacidades y virtudes de cada uno.

– Los test y ejercicios autoevaluativos cumplen con una doble función.

Tras las fases de compilación del temario y planificación el opositor se adentra en la que requiere más trabajo en sí, la que le ocupará durante más horas y, probablemente, le obligue a realizar el mayor esfuerzo: la de estudio. No existe un método infalible de estudio. Lo ideal es que cada opositor dé con la manera que mejor se adapte a sus virtudes y capacidades.

La fase de estudio siempre se desarrolla en dos niveles: comprensión y memorización. Para aprender hay que comprender, no hay otro camino, y aprender de memoria un extenso temario supone, más que un gran despliegue, un derroche de recursos altamente desaconsejable si lo que se pretende es llegar en las mejores condiciones a esa prueba final de la que dependerá nuestro futuro profesional en una administración pública.

La efectividad en esta fase dependerá, como sucede a lo largo de todo el proceso de preparación, de las capacidades personales del opositor para comprender, desmenuzar y, finalmente, retener/aprender la mayor cantidad de información/conocimiento posible de cara al examen. Si se pretende apostar sobre seguro la opción más recomendable es también la más costosa: trabajar al máximo la asimilación del contenido del temario. Ello requerirá en primer lugar una lectura comprensiva completa. No es necesario detenerse demasiado en los detalles. En este paso lo importante es avanzar, pero sin perder la concentración. Esta primera toma de contacto global con el temario nos permitirá entenderlo de principio a fin, detectando y clasificando las distintas vetas de contenido, lo que nos servirá para discernir sobre la importancia de cada lección, de cada epígrafe, dentro del programa considerado en su conjunto y facilitará los pasos siguientes.

Un subrayado inteligente allanará el camino.

Tras esa primera lectura conviene otra más pausada pero igual de decidida en cuanto a concentración y planificación de principio a fin. En esta procederemos al subrayado. Si el primer paso –lectura completa- fue realizado con el suficiente aplomo, seremos capaces de subrayar –destacar gráficamente sobre el papel- lo verdaderamente importante y no nos ahogaremos en ese océano multicolor de líneas y círculos en el que tantas veces el opositor sumerge las páginas del temario terminando por destacar absolutamente todo y, por tanto, no destacando absolutamente nada de un contenido en el que, indefectiblemente, debemos separar el grano de la paja.

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Resúmenes y esquemas: herramientas de gran utilidad para el opositor.

En tercer y último lugar hallamos la confección del resumen y los esquemas. Aunque pueda parecer una obviedad, y seguramente lo es, no podemos dejar de señalar que estos deben cumplir su función utilitarista, es decir, son una herramienta y, como tal, tendrán que ser capaces de desempeñar un rol auxiliar hasta el final del proceso. En primer lugar, hacer un resumen y/o esquema de cada lección o epígrafe supondrá una vuelta de tuerca más en el afianzamiento de la materia objeto de estudio en nuestra memoria. En su realización iremos a lo esencial, a lo que, más tarde, nos permitirá abrir las compuertas de lo aprendido al primer vistazo.

Por supuesto, los pasos descritos en esta fase de estudio no son los Mandamientos de la Ley de Dios. Cada cual podrá modificarlos, saltárselos o comprimirlos a su antojo, adaptándose a las capacidades de cada uno. Probablemente habrá personas que pasen directamente del primer paso –lectura completa- al tercero –realización del resumen/esquema-. Otros procederán a subrayar directamente durante el primer abordaje al temario. Cuidado con ello. Cuando no se conoce mínimamente la materia lectiva es muy fácil caer en un falso subrayado e incurrir en el coste adicional, en tiempo y dinero, que supondrá imprimir de nuevo el temario o eliminar las marcas realizadas, si estudiamos, como todavía es muy común, sobre papel.

Test y ejercicios autoevaluativos.

Aunque, como no dejamos de advertir, todo depende del tipo de examen hacia el que dirigimos nuestros esfuerzos, los test y ejercicios de autoevaluación cumplen con una doble función. Por un lado, las baterías de test suelen ser parte integrante de los exámenes y, por tanto, de la dieta de estudio en la mayoría de oposiciones. Conviene familiarizarse con ellos realizando el mayor número posible y en OpoSapiens.com los tenemos en cantidad y calidad. Asimismo, los ejercicios autoevaluativos, diseñando, por ejemplo, preguntas cortas sobre las distintas partes del temario, nos reportarán una muy necesaria información acerca de si estamos asimilando los contenidos de un modo y a un ritmo satisfactorios.

Por otra parte, ambos elementos suponen una inyección casi lúdica contra la rutina, muy necesaria a la hora de dinamizar esas largas jornadas de estudio a las que nos vemos abocados. Los ciclos de estudio explicados en el artículo titulado Opositar y la exigencia de una planificación realista y flexible, divididos en lapsos temporales que harán del estudio una actividad más digerible y llevadera, se verán muy beneficiados si, de un modo planificado, son interrumpidos puntualmente con la realización de pruebas –test y ejercicios de evaluación- que pongan a prueba nuestros conocimientos.

La técnica de estudio dependerá del formato de la prueba a superar. Es muy importante saber el número de exámenes que integran la oposición, si son orales o escritos y si estos últimos son de tipo test, de preguntas cortas, de desarrollo, o bien combinan distintas modalidades. Una vez conocemos las pruebas evaluativas deberemos ser conscientes de nuestras fortalezas y debilidades. Un análisis lo más objetivo posible al respecto nos permitirá reforzar nuestros puntos débiles y encarar la prueba final con mayores garantías de éxito.